viernes, 23 de marzo de 2012

La historia del noviazgo entre una neocon y un neotradi (parte III)


Como les venía contando, Ana comenzó a pensar un "plan de acción" para lograr que Guille viera las cosas como ella las veía, o al menos quería sembrar en él una inquietud. Sabía que era inútil querer lograr que él terminara cantando con una guitarrita en la mano... pero tampoco era a eso a lo que ella apuntaba. Ella simplemente quería que su corazón estuviera más abierto, que tuviera una actitud más de "escucha".




Por lo pronto, como sabía que era difícil por el temperamento que ella misma tenía, y no quería claudicar en esta lucha, una tarde se fue a rezar a la Parroquia y comenzó a anotar una serie de propósitos en un cuaderno. Anotó lo siguiente:

"Propósitos para que Guille conozca la parte de la Iglesia que le falta conocer:
1º) cuando se ponga a discutir y esté claramente ofuscado, lo voy a escuchar sin retrucarle absolutamente nada. 
2º) sólo una vez que termine de decir lo que tiene para decir, voy a introducir alguna pregunta que lleve la conversación al terreno que a mi me interesa.
3º) cuando venga con algún librito para leer, o algún artículo que encuentre, lo voy a leer, pero a cambio le voy a pedir que lea uno que me guste a mi.
4º) tengo que intentar no poner cara larga cuando me lleva a misa tradicional. 
5º) tengo que leer el evangelio más seguido, así cuando me saque a colación los pasajes en los que Jesús se enoja, le enumero (sin enojarme!) los pasajes en los que Jesús practica la misericordia, aún sabiendo que son esos mismos los que luego lo entregarían."

A los pocos días de comenzar su propósito, Ana vio resultados. Guillermo había cambiado completamente de humor, y gracias a que ella no se enojaba, él exponía más tranquilo los motivos que tenía para adoptar la posición que adoptaba. Por otra parte, Ana notó que estaba mucho más receptivo y que le empezaba a reconocer cosas que tiempo atrás era impensable que reconociera. 

Una de las cosas que Ana se dio cuenta, al comenzar su "táctica", fue que el problema tradicional iba mucho más allá de la Misa. Por ejemplo, para ella, los documentos "magisteriales" no tenían nada de trágico. Ella había leído Lumen Gentium, Nostra Aetate, la Sacrosantum... y los pasó sin pena ni gloria. Para Ana, los desastres "postconciliares" se debían a malas interpretaciones, y no a malas intenciones. Conversando con Guille, empezó a entender que de algún modo "algo" había cambiado, y del "pérfidos judíos" preconciliar, al "hermanos mayores" postconciliar, había mares de tinta y discusiones teológicas terribles. 

Por su parte, Guille comenzó a entender que las cosas en la Iglesia no eran 1+1=2. La Iglesia era el único lugar en el mundo en el que esa suma puede dar cualquier resultado. Porque a veces, no alcanza ni la buena formación, ni la buena doctrina, ni los mejores libros, ni los mejores  obispos... La libertad de los hombres es inexplicable. Además, comprendió que la vida cristiana estaba compuesta por muchas partes importantes, y que si bien el "religarse" a Dios por medio del acto de adoración más digno al que se pueda asistir, seguía considerando que era lo más importante; entendió que imitar y reproducir la vida de Cristo en uno mismo, es de alguna manera el signo que reproduce y muestra cuan hondo caló en nuestro corazón Su mensaje. Por eso mismo, Guillermo comenzó a ser mucho más prudente y cauto en los juicios que emitía, y en lugar de mandar a la hoguera de la opinión a todos, comenzó a seleccionar sólo a algunos...

Continuará...


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