lunes, 9 de abril de 2012

Su Semana Santa y la mía…


                                                        

            Por uno de esos imponderables de la vida, este año mi marido fue invitado a pasar desde el miércoles a la noche en La Reja, y creo que con mencionar el lugar ya se imaginan específicamente DÓNDE lo pasó.
            Primero un berrinche porque no quería pasarla sola, después porque lo extrañaba mucho y después ya no me acuerdo por qué, pero la cuestión es que él fue igual.            
            Éte aquí que en ese reconditísimo lugar obviamente mi marido no tenía señal de celular, salvo los ratos que el Espíritu Santo se apiadaba de mi, y mi marido buscaba la baldosa sobre la qué, parado de determinada manera (porque si se movía un milímetro perdía la señal) podíamos hablar. Esto ocurría dos o tres veces al día.
            A mi me hace bien cocinar cuando estoy un poco enojada, así que cuando ya había llenado el freezer, empecé a deliberar dónde iba a ir el Jueves Santo. Una elección complicadísima se podrán imaginar.
            Los lugares de misa tradi me quedaban re lejos, como estaba sin auto y sola,  y además suponía que mi familia quería que conserve mi integridad física y  moral, no podía ir. Así que me puse a buscar entre las parroquias del barrio.
            Llegué, el altar estaba hermosamente adornado y no vi nada raro. Los cantos del coro, estaban bastante decentes, por lo que colegí que la misa iba a transcurrir en paz.
            Cuando llegó el momento del Evangelio, el sacerdote concelebrante  (otra palabra que no les gusta a los tradi) se acercó a leer. En el momento que dijo: “Y Jesús tomó una toalla, la ató a su cintura y comenzó a lavar los pies a sus discípulos” comenzó lo vivencial: allí mismo, el sacerdote que “presidía” la misa, se ató una toalla y allí mismo comenzó a lavar los pies de los hombres designados a tal efecto. Mientras se detuvo el Evangelio, con lo que todos nos sentamos y el coro entonó  un canto que por suerte, no recuerdo. En ese momento pensé: si me levanto y me voy, no llego a otra misa. Si me quedo… bueno. Me quedo, y trato de rezar lo más fervientemente que pueda, porque si me enojo mucho, tampoco voy a poder comulgar. Cuando terminó el lavatorio de pies, el Evangelio continuó como si tal cosa. Y la misa, continuó “normalmente”.
            El viernes, preferí malo conocido que bueno por conocer. Además pensé que no daba la liturgia de Viernes Santo para demasiada innovación. Durante un par de años en una capillita a la que asistía, me tuve que encargar de esa ceremonia así que la conocía perfectamente. Tiene pocos cantos, silencios elocuentes y signos que predican solos. Pero lamentablemente me equivoqué. En el colmo de la subestimación, cuando estaban por leer el Evangelio de la Pasión, veo que ponen la pantalla para proyectar imágenes, y veo la imagen de la película La Pasión, de Mel Gibson. Entonces acá, cual era la idea? Pues resultó ser que mientras leían el Evangelio, pasaban imágenes congeladas de la película, al estilo de diapositivas para hacerlo mas “vivencial”. Cuando hacía minuto y medio que estábamos parados, se ve que al pueblo fiel no le daba el cuero, así que el “guía” dijo: “podemos tomar asiento”. A estas alturas consideré que si me quedaba parada, me iban a revolear con un cancionero, así que me senté con más culpa en alma que María Magdalena. Cuando nos aproximábamos al momento de la crucifixión, nos pusimos de pie, y luego de rodillas en la parte que correspondía. Prédica: la esperable.
            Luego, en el momento de la oración universal, estuvimos todo el tiempo de pie. Resto de la celebración: lo esperable.
            A estas alturas mi marido me contaba chocho lo del oficio de tinieblas (cosa que yo ya conocía, sólo que las monjitas con las que tuve oportunidad de estar para ese oficio de tinieblas tuvieron un error técnico: en lugar de ir apagando las velas, se equivocaron y las iban prendiendo… un detalle nomás, por el que se encargaron de gastarla toda la cincuentena pascual). Y me contaba chocho que conoció a pirulito y a menganito que a su vez había conocido personalmente a Disandro, a Menvielle y a Castellani… En fin.
            El Sabado Santo, me resistí a perder el tímpano con los esperabilísimos estridores guitarrescos, así que busqué un poquito más y me enteré que la gente de FASTA iba a hacer la Misa a las 21:00 hs aproximadamente. Viaje solita, y pensaba volver solita nomas, solo que un alma se apiado de mi y luego de la solemne y hermosa misa, que duró 3 horas, me llevó a casa. Eso sí que fue realmente una pinturita. Un coro precioso (que tiene algunas cosillas para mejorar pero para ser coro de jóvenes… bastante bien). El rito del lucernario impecable, pregón cantado, hicieron 6 o 7 lecturas, gloria, lecturas, sermón (un poco largo, pero valió), renovación de promesas bautismales, consagración hipersolemnísima (hacía mucho que no veía un sacerdote tan piadoso), etc. Pero este etcétera es de “todo en orden esta vez”. La perlita fue el canto del Regina Coeli… que hermoso!!! Lo único que hubiera dejado de lado era la Oración para agradecer los cincuenta años del “carisma” de FASTA. Ojo! No porque sean “FASTA” que si no fuera por ellos ni misa de vigilia tenía, sino porque la palabra carisma ya me da urticaria.
            La del Domingo fue una misa tranquila. Todo “normal”. Y lo más lindo: volvió mi marido!!!    
            Conclusiones: como el año que viene me toca a mí, la misa de la vigilia la pasaremos con la gente de FASTA, y el jueves y viernes supongo que iremos a calle Venezuela.
                                   La verdad es que no culpo a mi marido de tener que irse a la pluma verde para asegurarse una ceremonia como Dios manda.
                                   No sé si lo acompañaría, pero después de esta semana… lo voy a pensar más seriamente!!!
            Bueno, los saludo a todos, y espero que hayan tenido una semana menos agolpada que la mía. Desde ya, espero sus comentarios y el que quiera compartir aberraciones como las que conté, me escribe por favor.
           

3 comentarios:

  1. Magnñifico comentario, más doméstico esta vez. Nada puedo contar malo de la mía, oficiada toda ella por sacerdotes del ICRSS en Madrid. Algún error de ritual, pero bien en general.

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  2. Estimado Señora:
    La felicito por atreverse a escribir sus experiencias sobre la tradición. Dios quiera que más mujeres se atrevan a expresar sus puntos de vista.
    Saludos Cordiales.
    Fray Agrícola

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  3. Mujer, que mala suerte! En no todas las parroquias de Capital se hacen esos desmanes. Aunque de los cantos no se puede esperar mucho.
    Recomendación, el año que viene vaya a las Carmelitas de la calle Amenabar, un par de cuadras más que el Colegio de FASTA. Y no habrá oraciones con carismas ni himnos del movimiento que no son litúrgicos.

    Cordialmente,
    Odysseus.

    Pd. Dígale a su marido que muy buenos curas diocesanos están más en línea con Meinvielle y Castellani. Si es que eso le preocupa. Que por caso muchos otros también los conocían, ¿y qué?. Y de la Reja... me abstengo de comentar.

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