viernes, 25 de enero de 2013

LOS ARTILLEROS Y SUS CAUSAS



                           
            Ante todo, y luego de las últimas exploraciones hechas en el mundo cibernético, quisiera decir que parece que han sido días de mucha actividad intelectual para muchos. Los autores de blogs, intentando seguir “avivando” gente, lectores “defendiendo” a sus manadas de los “ataques”… En un panorama que pareciera ser desolador.
            Mi blog lo abrí intentando hacer una especie de catarsis, porque mi marido me llenaba de “información, datos y más datos” de las diferentes verdades que los tradis sostienen, y además de lo que veía bien en esos blogs. Pero necesité tiempo, lecturas y más tiempo para decantar y poder decodificar qué era lo sustancial del mensaje que daban. Empecé ese trabajo de decantación con mi novio (ahora marido) y creo que continuará toda mi vida si Dios me da fuerzas para perseverar en la fe.
            Para una mujer es difícil entender muchas cosas, y no porque falta intelecto (aunque en algunos casos puede que sí) sino porque el juicio de valor que hacemos, sobre todo en lo religioso pareciera (no digo que sea necesariamente así) que siempre está mucho más ligado al tema de los efectos más que las causas, y déjenme explicarme bien. No voy a ponerme a explicar lo que doy por hecho y es el modo en el que percibimos  los detalles que captamos las mujeres y los hombres. Para eso creo que pueden ver este enlace, este, y este. Ustedes son más especulativos y nosotras más intuitivas y prácticas. Sólo que considero, que cuando una mujer mira una obra determinada mira cosas que valora y le llegan de un modo especial: mira al pobre que están dignificando, al niño que consuelan, al enfermo que curan y al joven que educan. Nosotras no nos planteamos automáticamente por ejemplo: “claro, pero no estudian nada, fijate qué poco tiempo de oración tienen, mirá que grasas que son”. Creo que naturalmente tendemos a complacer las necesidades de los demás, queremos que a nuestro alrededor todos estén contentos (contenidos) y mientras a más personas podamos agradar (en Jesucristo) más va a ser nuestra dicha. Cuando vemos a alguien que hace eso, no podemos sino impactarnos, alegrarnos y nos da deseo de imitar (mutatis mutandi, tranquilo gordo!).
            Por eso, cuando miramos un grupo de laicos, un instituto, un grupo de lo que mongo sea, lleva tiempo al principio entender la crítica que suena tan dura, y por qué no con un poquito de “venenin”, o “envidia”.
            Seguramente, los que critican duramente a los férreos artilleros, no tienen siquiera la más remota idea de las cosas que los artilleros sí saben, sí vieron y sí vivieron; y que seguramente si las supieran pensarían y actuarían igual que ellos. Yo descubrí que detrás de cada artillero, había una historia triste y un corazón roto. Sé que con lo que digo, me van a poner automáticamente el cartelito de “denostadora de grupos posconciliares” pero no me interesa.
            Estos artilleros saben perfectamente que dentro de esos grupos hay gente buena. Y creo que precisamente por eso, se abstienen de dar nombres. Se mueven de una y mil maneras posibles para que lo que es necesario que se sepa, sea denunciado ante quien corresponde y como corresponde. Y en el ciberespacio intentan que la gente vaya viendo los frutos de la “primavera”.
            Cuando en una conversación el interlocutor dice algo que nosotros consideramos erróneo, automáticamente hacemos un gráfico mental y lo ubicamos en el corner opuesto al nuestro. Como sentimos la necesidad de que sé de cuenta que tiene que matizar su opinión (por lo que sea) nos paramos en el extremo contrario AUNQUE NO ESTEMOS EN TODO EN DESACUERDO. Y por eso muchas veces fracasamos en el bendito intento de comunicarnos. Por esto yo creo que ni los lefes son tan lefes, ni los neotradis tan neotradis ni los progres y neocons tan… bueno, esos si (chiste). El punto es que por abrirle los ojos al otro, nos colgamos de sus párpados o les pegamos una piña… y así se pone difícil.
            Creo que para las mujeres que dos por tres quieren saber en que andan sus maridos, y leen esos blogs, deberían darse cuenta de que los artilleros no critican ni las obras de caridad, ni los colegios, ni le esforzado trabajo misionero, ni las conversiones. Critican lo que tienen experiencia de ver: vidas destruidas de vocaciones “infieles”. Cuando Don Wanderer dice que tiene una lista con las bajas del IVE, quizá suene mal lo que digo pero me alegré profundamente. No me alegré porque haya una lista de curas/monjas que colgaron. Sino que me alegré porque la única manera de ayudarlos verdaderamente es que empiecen a afinar un poco mejor el lápiz para hacer la labor de pescadores de hombres, y para eso tenés que tener números en la mano. Si de un curso de 30 faltan 10, o de un curso de 50 faltan casi 20… estamos hablando de un porcentaje muy importante. Yo te creo (porque el mundo de ahora no es el de hace unos años atrás) que sea difícil perseverar porque el mundo está difícil. Te creo que alguno/a haya sido “infiel”, alguno sí ¿pero todos? ¿Todos los que se fueron son los chicos malos, los del mal espíritu y murmuradores? ¿Acaso no hay una posibilidad de que efectivamente no haya un buen discernimiento vocacional? ¿Y qué me dicen de los religiosos con votos temporales que deciden salir del instituto y para evitarse la pasada por el obispado le dicen que termine de cumplir el tiempo de los votos en la casa?  Podrán objetarme que son muchos los años que tenés para decidir una consagración perpetua en cualquiera de estos, ahora les digo: si cada vez que tenés una duda vocacional te la resuelven como una tentación, y la tentación contra la vocación es una confirmación de la vocación… estamos en un círculo del cual salvo milagro, no se puede salir. Ojo, esto pasa tanto en el IVE/SSVM como en el Opus, como en la mayoría de las nuevas fundaciones; o sea, no es un problema de uno solo, sino algo generalizado. Por esto, con los números en la mano hay cosas que se podrían corregir, no solo por el bien de los institutos, sino por el bien de las almas, y de nuestra Madre Iglesia.     
            Entonces, un buen trabajo para las mujeres es intentar ver que detrás de las adjetivaciones más o menos felices que puedan usar los artilleros, hay un propósito y no es denostar a tal o cual personaje de la farándula eclesial (aunque a veces lo pareciera), sino evitar repetir los estrepitosos y dolorosos fracasos que ellos conocen y que personalmente intentan remediar en muchas ocasiones brindando aliento, una palabra amiga y mostrando que la Iglesia es mucho más que ese lugar del que saliste. Es Madre Católica.
El que no tuvo oportunidad de ver sufrir a una “vocación saliente” no tienen idea del calvario que sufre. Por eso amigas: no vayan con los tapones de punta. Escuchen y observen. 




1 comentario:

  1. Aquí hay un post de mi autoría que le da una vuelta de tuerca a uno de los argumentos que usted esgrime: http://chatdecafe.wordpress.com/2011/05/22/la-falta-de-perseverancia-en-el-instituto-del-verbo-encarnado/

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